17 septiembre 2005

Yo no soy tonto, sólo algo gilipollas

El tema funciona así. Se trata de que vayas a su establecimiento a comprar. Para lograrlo, insinúan que eres un poco tonto.

Una vez dentro, el objetivo es que compres. Para eso, te insultan ya abiertamente.

Parece razonable. Oye, hay que probar cosas nuevas.

Yo buscaba una PDA. Me había informado bien, ya la tenía elegida. Sólo faltaba ir a comprarla en algún sitio con buenos precios. Me acerqué.

Para entrar había cola. Impresionante. Ahí debían de regalar las cosas. Bien, tenía tiempo. Una PDA, con su tarjeta SD, y demás accesorios que pensaba comprar, es una pasta. Vale la pena hacer un poco de cola.

Por fin entro, y consigo nadar entre la gente hasta la sección informática. Localizo la PDA. Miro la pegatina del precio. Pone: “Tu eres gilipollas. Demuéstralo y compra”

Joder, casi 100 euros mas caro que en la tienda de siempre. ¡No puede ser!.

Más extrañado que otra cosa, miro los precios de otras PDAs que también consideré como posible elección:

“Gilipollas profundo” …“Agilipollado perdido” …“Imbecil integral” …

No salía de mi asombro. Todas estaban más caras que donde solía comprar habitualmente. Algunas etiquetas de unos productos muy concretos, tenían un precio, pero la mayoría tenían insultos.

Lo mismo me pasó con las tarjetas de memoria. Cada vez que miraba un precio era insultado.

Cabría pensar que la gente estaría allí indignada, pero no. En lugar del apelotonamiento de gente largándose que esperaba encontrar, me encontré ese apelotonamiento en las cajas. La gente estaba comprando. Mordían el anzuelo. ¡Y de qué modo!. Salían de allí con sus bolsas rojas “soy gilipollas, soy gilipollas”

Decidí escapar.

Escaleras abajo me crucé con otra gente que hacía cola para entrar. Muchos tenían en la mano el folleto ese con las “gangas” y lo comentaban entre ellos.

Yo, mirando esa cola, y a mucha otra gente que entraba y salía del centro comercial, sólo oía “beeeeeeee, beeeeeeee”

A la salida me topé con el cartel anunciador del sitio en cuestión. “Nos despelotamos”, ponía. No hace mucho, ese mismo cartel estaba escrito “Nos bajamos los pantalones”. Y aparecían unos tíos, que se supone son los de la tienda, con los pantalones bajados. Miedo me da lo que estarían pensando hacerme.

Pero como a todo hay que buscarle su parte buena, esto ha sido para mí una experiencia didáctica. Si quiero vender algo, ya sé lo que tengo que hacer.

--A ver, usted, mamón de mierda, venga a ver este piso.

--No está mal, no esta mal. ¿Cuánto cuesta?

--¡Payaso!. ¡Subnormal!.

--Ufff. Muy caro. No puedo, que va.

--¿Lo vas a comprar ya o tengo que llamarte bastardo?

--En fin. Vale, me lo quedo.

La cosa es que ésta última escena me suena. He sentido como un deja vu de esos al escribirlo…

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3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Pos si que son algo timadores, aunque es más cómodo ir alli. Tienes de todo, y si no te gusta lo puedes devolver sin ningún compromiso.
Yo por si acaso siempre comparo precios antes de comprar nada.

4:37 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

La verdad es que los anuncios se las traen. Te hacen sentir gilipollas.

4:40 p. m.  
Blogger Salmonoide said...

Lo peor de todo es que yo soy uno de los contribuyentes.

Mi Canon A85 salió de allí...

9:43 p. m.  

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